Tu mascota y Tú. Terapia con animales.

TERAPIA CON ANIMALES Por Carlos Ramos Gascón. Psicólogo clínico. Desde hace siglos se vienen utilizando animales como terapia. Que sepamos, el pionero fue el médico y filántropo inglés William Tuke, quien ya en 1792 aplicaba su terapia moral, mediante animales, para el tratamiento de sus pacientes psiquiátricos. Estas experiencias se han venido repitiendo desde entonces hasta los tiempos actuales, si bien se supone que en realidad son tan antiguas como la Humanidad. La relación emocional del ser humano con sus otros compañeros animales, particularmente perros, gatos y caballos, se pierde en la noche de los tiempos. En el siglo XX tenemos el caso del psicólogo infantil Boris M. Levinson (creador de la Terapia Asistida con Animales), quien desde 1953 venía utilizando animales para el tratamiento de niños emocionalmente perturbados, o que por autismo o trastornos neurológicos tuvieran graves dificultades en sus relaciones sociales. Su perro Jingles se hizo famoso como un excelente coterapeuta. “El animal, manifestaba Boris Levinson, resulta algo mágico que estimula”. La Terapia Asistida con Animales se ha utilizado también para favorecer la integración de jóvenes con rasgos asociales, y también con personas mayores, en la denominada Terapia Geriátrica. La capacidad que tiene el animal para expresar su vitalidad y comunicar espontáneamente su afecto incondicional hacia sus cuidadores y amogos humanos (nunca me gustó la expresión “dueño de la mascota”) hace que tenga numerosas cualidades terapéuticas: alivia la soledad y favorece la capacidad de comunicación emocional. Mejora los estados de ansiedad y cuadros depresivos. Su capacidad para dar y recibir contacto físico cálido promueve una saludable vivencia de bienestar y conexión con la naturaleza. Se ha demostrado que este mismo contacto es sumamente estimulante y calmante al mismo tiempo: La caricia mejora la frecuencia cardíaca y la presión arterial, al tiempo que fortalece el sistema inmunitario aumentando las defensas. Quienes hemos estado en contacto con perros, por ejemplo, sabemos que tienen un rico mundo emocional, y por ello mismo, una verdadera personalidad. Creo sinceramente que habría que ampliar el concepto de “Persona” y extenderlo a otras muchas especies animales. Recuerdo, por ejemplo, a La Pizca, la perrita caniche, negra como el carbón, de una de mis tías. Nunca supe qué le habría hecho yo a la perrita, pero lo cierto es que cada vez que me veía por el campo daba saltos de 1 metro de altura, llena de alegría. Estas cosas no se olvidan. Para mí fue una experiencia enormemente enriquecedora. Con frecuencia recuerdo a La Pizca como una de las personas por de las que me he sentido más querido, y al evocar su imagen y su mirada algo se mueve en mi interior como si fuera ayer. Alguien dijo –creo que el escritor Francisco Umbral- que quienes tienen un verdadero “espíritu franciscano” son los animales. Yo creo que es verdad. Por lo mismo, he sabido de un maravilloso conejito, por nombre Colombo, a quien me habría gustado conocer. Lamentablemente, Colombo ha fallecido recientemente, para gran pesar de sus amigos y cuidadores. Estoy seguro de que tanto Colombo como sus amigos han compartido muchos momentos acogedores y felices. Esto es lo que perdura en el recuerdo, y el sentimiento que genera queda vibrando a lo largo de nuestra vida, llenándola de de afecto y fuerza. Dedico, pues, este artículo al entrañable Colombo. Debió ser una excelente persona. Va por tí, Cuni.

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